Carta a P4TR1C14

Centro de impresión del Estado de Terracon Inc.
En La Fuente, a 15 de Mayo del 221º año d.F.
Contenido auditado y aprobado por el funcionario: ID 5365 786F 2061 6E61 6C
Autor del contenido: EXT S4MU3L 4M1D4S

Hola P4TR1C14, ya he llegado a La Fuente, y de una pieza que ya es decir.

El tren es una máquina maravillosa, más rápida de lo que me esperaba. El viaje fue realmente cómodo hasta que paramos en el Nexo. Allí abandoné el tren para tomar otro, pasando por una aduana donde me registraron todo el cuerpo. No voy a dar detalles pero fue harto desagradable. Según ellos, los escáneres no funcionaban pero yo veía cómo el resto de personas pasaban por ellos sin ningún problema. Tuve que dar cientos de explicaciones sobre lo que iba a hacer en La Fuente y para qué servían mis herramientas. Aproveché para cambiar mis créditos a emblemas; la cantidad que me devolvieron, comisión aparte, no coincidía con el valor que tenían en el cartel, creo que me estafaron. Pasado ese tormento, compré otro billete y esperé en el andén exterior. No me atreví a preguntar por qué había cuerpos colgados de la pasarela superior que atraviesa las vías, atados por las muñecas y sin las extremidades inferiores. El precio de imprimir una foto aquí es prohibitivo, ya te las enseñaré a la vuelta.

Sonó un aviso ininteligible por unos altavoces, se supone que advirtiendo de la llegada del tren que hizo aparición un minuto después con un estridente chirrido por la frenada, acariciando suavemente las tripas de los cadáveres colgantes. La gente se agolpó en las puertas como si nos acorralara un incendio; me parece increíble que nadie cayese a las vías. El viaje que prosiguió no tuvo nada que ver con el anterior. Allí entró toda clase de gentuza y mi vagón se llenó de un olor nauseabundo, no te haces una idea; aquello no se debía sólo a la falta de higiene propia de estas tierras, juro que olía a podrido como si a alguno de los viajeros lo estuviese devorando la gangrena. Y no sólo eso, los cálidos rayos de sol que se colaban por los barrotes de las ventanas quedaron eclipsados por gente sucia de ropajes raídos, el vagón se volvió oscuro súbitamente. Me habría gustado dormir durante el trayecto pero no me podía fiar de esos bandidos; además, el ruido que hacían al hablar me destrozaba los nervios. Gritaban idioteces sobre unas elecciones de su gobierno, sobre qué candidato era mejor que el otro y a quién iban a votar. Doy gracias por que les requisaran las armas en la aduana (por lo visto las llevan a un vagón aparte), a más de uno le vi echarse la mano al cinto con intención de sacarle las entrañas al del “bando” contrario. Bendito sea nuestro Presidente que nos libra de estas pugnas entre paisanos. No quiero ni imaginar qué clase de decisiones puede llegar a tomar esta turba mediante su voto.

Para colmo, en mitad del recorrido hubo un percance relacionado con una tribu salvaje, pude deducir poca cosa de los comentarios de la gente. Para una vez que me interesaba lo que decían se pusieron de acuerdo para guardar silencio y susurrar. La situación parecía seria, se oyeron varios disparos y golpes sobre el techo de nuestro vagón. No alcancé a ver nada por las ventanas abarrotadas de cabezas curiosas. Tras unos minutos de tensión, el tren reanudó la marcha y horas más tarde llegamos a la estación de La Fuente, sanos y salvos. Por un momento pensé que Dios me había negado la oportunidad de honrarle con mi trabajo. Haré lo posible por no defraudaros a ninguno. Ni a Dios, dueño nuestra sabiduría; ni al Presidente, nuestro guía a la gloria; ni a ti, la estrella que me orienta hasta en las noches más negras.

Nos veremos pronto.

Fin de la impresión – Página 1/1

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