Carta a F4B14N

Centro de impresión del Estado de Terracon Inc.
En La Fuente, a 18 de Mayo del 221º año d.F.
Contenido auditado y aprobado por el funcionario: ID 6665 6C61 6369 6f6E
Autor del contenido: EXT S4MU3L 4M1D4S

Hola F4B14N.

Espero que te encuentres mejor de tus migrañas. Supongo que P4TR1C14 ya te ha contado lo de mi periplo en tren. Vaya infierno. Aunque supongo que siempre es mejor y más barato que una de esas caravanas eléctricas. No creas que la situación mejoró al bajar del tren. Mi nariz, que ya se había acostumbrado a la peste del interior del vagón, se llevó otro sobresalto al inhalar el aire turbio proveniente de las factorías cercanas. Afortunadamente esa nube hedionda es menos espesa a medida que uno se desplaza al Sur de la ciudad.

Cuando llegué estaba anocheciendo pero al abandonar la estación pareció como si la noche cayera de súbito. Los inmensos edificios proyectaban sus infinitas sombras sobre el asfalto, impidiendo que ni el más esquivo rayo de luz se colase entre ellos. Resulta paradójico que, siendo este el Distrito del Reactor, donde efectivamente tienen el reactor de unbihexio y el extractor que tengo que visitar, dispongan de tan poca iluminación a lo largo de las avenidas. El ambiente es algo opresivo y hostil. Hay personas tiradas en la calle, cubiertas de mugre, bebiendo o pinchándose a la vista de todos. Algunos callejones son directamente usados como meaderos, y hasta excrementos he visto. Casi me caigo de bruces al tropezarme con un muerto debido a la poca luz. Es otro mundo, nada que ver con nuestro hogar. En su favor tengo que decir que la gente no parece deprimida en general, más bien todo lo contrario; de alguna manera han desarrollado una habilidad innata para transformar su inmundicia en su fortaleza. Esto puede verse incluso antes de entrar en la ciudad: sus murallas no son de acero y roca, ¡son ruinas! ¡Usan edificios enteros, demolidos en la dirección apropiada, como defensa! ¿Puedes creerlo?

Anduve un buen rato en busca de un hostal hasta que llegué a una especie de bulevar plagado de bares, tiendas y burdeles. Daba la sensación de que todas las luces que no habían usado en el resto de calles las hubieran reunido en aquella. Estaba lleno de gente celebrando y bebiendo. Mi curiosidad venció a mi prudencia y me acerqué a uno de esos bares, que tenía un neón verde curvo sobre la puerta de hierro, como imitando a una serpiente. Parece que aquí no es costumbre poner nombre a los locales. Lo que encontré dentro fue un poco grotesco: había un hombre joven sentado sobre una mesa, al parecer un esclavo, al que un grupo de hombres más mayores forzaban a mirar hacia arriba, con un embudo en la boca en el que vertían bebidas de todo tipo; por lo visto la gracia estaba en apostar cuánto aguantaría el joven antes de vomitar, aunque también había apuestas sobre si se quedaría en coma o si moriría. Así, iban por turnos preparando cócteles que pagaban de su bolsillo, incluido el dueño del pobre hombre; jaleados, cómo no, por el propietario del bar. Por si tienes curiosidad, acabó ganando un tipo tuerto y casi sin dientes, cuando el muchacho expulsó hasta los jugos gástricos como si fuese una fuente. Hasta tuve que limpiarme las botas de las salpicaduras, y eso que yo estaba apoyado en la barra.

Cuando se les acabó la diversión empezaron a discutir y yo ya me había cansado de las insistentes preguntas que me hacía el camarero acerca de mi origen, así que salí de allí con rapidez antes de que desenvainaran. Idiota de mí, no me he traído el sable que me regalaste, así que mejor evitar estas cosas. Al oír la disputa, entraron unos hombres bien fornidos, de aspecto desaliñado aunque muy bien armados, que según supe luego son la autoridad aquí, una especie de mercenarios a sueldo del gobierno.

En mi conversación con el camarero pude averiguar cómo funciona el negocio del alojamiento en estos lares. Al parecer, la mayoría de los edificios no tienen propietario, están vacíos, y la gente los ocupa según les conviene. El hombre fue muy claro: si eres capaz de defenderte solo, elige el piso que más te guste; si no, paga tu seguridad en uno de los edificios vigilados. Obviamente decidí pagar, bastante aventura había tenido hasta el momento, y ciertamente me ha ido muy bien allí a pesar de los gritos de los vecinos. Le di un extra al vigilante para que me consiguiera otro colchón para ponerlo sobre el que ya tenía y así estar algo más separado del suelo.

Tengo que dejarte por ahora, tengo mucho trabajo por delante, ya te contaré mi visita a los burdeles (ni una palabra a P4TR1C14). Y no te preocupes por tu encargo, ya he mirado precios y las dosis de 10 miligramos son mucho más baratas que allí, tal y como dijiste.

Un saludo y que te mejores con la ayuda de Dios.

Fin de la impresión – Página 1/1

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