Carta a F4B14N II

Centro de impresión del Estado de Terracon Inc.
En La Fuente, a 25 de Mayo del 221º año d.F.
Contenido auditado y aprobado por el funcionario: ID 4361 7261 6E63 686F 61
Autor del contenido: EXT S4MU3L 4M1D4S

Hola F4B14N.

Empiezo a preocuparme por tu salud, no he recibido ninguna respuesta por tu parte desde la semana pasada. También es cierto que asumir que mis cartas estén llegando a tus manos podría hacerme pecar de ingenuo. Imaginaré que no estoy en esta pocilga y que ha habido un ligero retraso en la entrega. Vivir aquí está siendo una experiencia… llamémosla reveladora. Es verdad lo que dicen de que no hay nada como abandonar tu patria para valorarla.

Hace dos días me reuní por fin con el gobernador de la ciudad, un tal R1P10. La conversación fue realmente incómoda durante la hora que me concedió, en varios sentidos. El tipo padece alguna clase de enfermedad muscular o deformidad que le impide caminar por sí mismo; tiene todas las articulaciones torcidas, como en tensión constante, y requiere de sus 2 esclavos para mantener el equilibrio. Desconozco cómo alguien así ha podido llegar a ese puesto, intuyo algún tipo de parentesco familiar con la clase gobernante. Pero no eran sus espasmos impredecibles y las constantes atenciones que los esclavos le dedicaban lo que me inquietaba (si bien para aguantarle la mirada cuando se le salía algo de baba por un lado de la boca necesitaba Dios y ayuda), no era tanto su exterior como su interior. Si por fuera era como una raíz retorcida, por dentro era como un erizo de mar: oscuro, dañino, venenoso y a la vez insignificante. ¿Cómo una persona tan dependiente podía desarrollar una personalidad tan sádica? Perdí la cuenta de las veces que castigó a sus esclavos delante de mí cuando ya iba por la novena o la décima, por motivos ridículos como no acercarle la taza de infusión de yerbabuena a los labios cuando tenía sed, sin haber manifestado esa necesidad verbalmente en ningún momento. Seguramente te preguntarás cómo los castigaba si apenas podía controlar su cuerpo; les daba órdenes a los 2 hombres para que clavasen un punzón muy pequeño en las costillas del otro, según a quién le tocase recibir. Y no valía con escuchar el gruñido de dolor del sancionado, tenía que verlo, tenían que hacerlo enfrente de él. Su forma de hablar, incluso conmigo, era autoritaria y despectiva, como si viviese en una venganza constante contra toda forma de vida. Sin embargo, este irritante tono cambió de súbito cuando recibió una llamada por un teléfono inalámbrico que uno de los esclavos le acercó rápidamente a la oreja. Por sus palabras supe que era un ex-presidente, uno de los que pertenece al triunvirato que aparece en la moneda local, al que el gobernador parecía temer y respetar como si de Dios mismo se tratara. Mentiría si dijera que aquel cambio de actitud no me pareció vomitivo; al gobernador le faltó arrastrar sus caros ropajes por el suelo mientras hablaba asintiendo continuamente, disculpándose por alguna mala decisión, alabando las cualidades de su señor. Hasta tal punto empalagaba que llegué a oír cómo le mandaban callar de un grito, parando en seco una de sus ráfagas de adulaciones interminables. Miré a los esclavos a la cara para transmitirles mi compasión, pero rehuían la mirada; supongo que ya se habrían ganado una punzada por algo parecido en otra ocasión.

Salí de allí a paso ligero, sacudiéndome como quien emerge de la nieve, una vez que ese absurdo personajillo me concedió el permiso para entrar a los Subdistritos a evaluar la estructura. Necesitaba a toda costa quitarme el mal sabor de boca así que visité una de las hermosas iglesias que conservan (en muy buen estado, sus fachadas contrastan enormemente con las de los edificios adyacentes). Allí recé junto a un sacerdote durante unos minutos y me fui directo a un burdel. Los servicios que aquí prestan son muy básicos comparado con el Polvo de Diamantes, sólo hay habitaciones pequeñas, pero las putas son más baratas y más creativas. ¿Te han masturbado alguna vez con dos coños al mismo tiempo, haciendo la tijera? Ni sabía que algo así se podía hacer.

Con el ánimo renovado y un par de “poitines” en el cuerpo (un licor de patata que destilan en esta zona), me dirigí de vuelta a mi hostal con la intención de dormir. Pasé, de camino, por una casa de comidas, una especie de casetas mediante las cuales el Estado raciona el alimento disponible, otorgando cuotas diarias a los habitantes. La ración me costó el doble de dinero por no llevar el código de barras que aquí acostumbran a tatuar a los recién nacidos. No estoy seguro de que la norma estatal sea así, seguramente lo toman como un soborno incluido en el precio para los idiotas que venimos de fuera. Sopa de judías en un recipiente de cartón húmedo recubierto completamente de cinta adhesiva, no había nada mejor. También olvidé traer mis cubiertos, así que tuve que usar mi mano derecha como cuchara. Cuando llegué al hostal, sorprendí a un crío intentando forzar la cerradura de mi apartamento. ¡Menuda vigilancia! Le asesté una pedrada desde lejos y salió corriendo. Tengo que conseguir una licencia local para comprar una pistola.

Ayer entré en los Subdistritos por primera vez y lo que vi fue bastante chocante, nunca me lo hubiera imaginado. Ya te daré más detalles en mi próxima misiva.

Espero noticias tuyas. Dale recuerdos a P4TR1C14 y dile que la echo de menos. Y por el amor de Dios, quema este papel.

Fin de la impresión – Página 1/1

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